Conductas reprobables que condicionan la habitabilidad de la vivienda y vuelven inhóspitos los aposentos:
-Amanecer un domingo con la tenebrosa vision de cierto individuo en gallumbos. Los mismos gallumbos del último lustro, dejando entrever ese mítico muslamen que ha provocado suicidios en masa y arcadas universales.
-Retornar exhausto y alicaído en busca de refugio espiritual, y encontrar a ratas e individuos emitiendo grititos de emoción ante la última entrevista furibunda en el "Diario de Patricia" o programa televisivo que lo hubiese sustituido.
-Ser citado a eventos que nunca ocurrieron porque el organizador estaba adosado a una cadena de birras en un local de pésima reputación a cientos de metros de la sede del evento.
-Regresar de madrugada tras conseguir víveres, con la casa en paz, y el ánimo apaciguado, y percibir de pronto una voz sonámbula, procedente de la ultratumba jarapera, exhortando: -Quiero pizza!
-Convocar la enésima sesión de limpieza a la que las ratas llegan un par de horas tarde, con la tarea casi concluida y el piso listo para ser inaugurado mediante la fumata de turno. Y recibir la famosísima y multidifundida proclama, -
"Eh, yo limpio más que vosotros!" -Quebrar el sereno descanso findesemanal, celebrativo a lo llachiano cortazariano, con la tremebunda irrupción de los tahúres del casino más cercano y sus muchachas reinas de la noche. Y hacerlo con la sonrisilla propia de la rata huidiza.
-Arrasar los suministros bírricos del inmueble en interminables sucesiones de tardes con grupos extensos de admiradores de los pisos ajenos.
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En fin este artículo podría ser infinito, pero recordemos la metáfora del viaje a Nicaragua en el equipaje de un colega, con motivo de la grabación de un publirepotaje social. Y tras ello, la próxima vez que de tu coche emerjan sonidos extraños, comprueba todo, ya que es posible que tengas ratas en el salpicadero.