Las ciencias secretas VI
Yo quise ser... Recuerdos brumosos y asfixiantes del angosto teatro de los biorritmos en los que las puñaladas algebro-analíticas anatemizaban la sonrisa. Y aquellos abedules sonrientes. Quise ser de todo. Transfigurar el pilotaje, amastosar el oleaje ingente de las piras de vinagrillos, mancebar los pastos alquitranados de las sumerias diosas del porvenir. Quise ser... Vendedora de cerillas en el cuento de Andersen, hechicera en el cuento de Rapunzel, incluso soldadito de plomo para en el momento de la consunción poder atisbar las bragas de la maciza bailarina.
Quise ser... Valladar de las amorfias y las amencias, polen de la vanguardia de los apetitos, pájaro esquimal en las estepas de la momia egipcia.
Ya no quiero ser... Lejos de la ventana que lleva al hirusto sótano, se destartalan los cabellos desatentos entre la vaguedad de heder la paz, y la colmillada colmenera de un undeground chirriando. Reproducir la risa de la cuadernada infante es el único objetivo que queda para ser queriendo ser algo, querer ser siendo, e incluso mirar más allá de Ystad y ocupar los minutos en descartar pasados, proferir futuros y reparar estrategias de conjunto que resultaron ser teoremas abandonados por la matemática de la vida. Y es que el misterio se reducía a no querer ser. Ahora se reduce a querer o no querer estar.
















