Las ciencias secretas XI
Amurallado por los Clásicos se entrevé un recinto mitológico donde desembocan las perlas locas de los campos mistéricos adornados por la estacionalidad inteligente de la bruma.
Los teseos y las eurídices asoman sus micénicas tempestades a los abismos formados por las vigas flotantes del pireo pirenaíco. Hercules fecunda a Pirene. Y eso es mito. Platón sitúa las almas en el Hades. Y eso es razón.
La confusión y la historia son reinos compactos, como la intuición y la doxa, la gnosis y la dridaga. Vengo vendiendo golosinas en el quiosco aterido al centro emulsor de radiaciones históricas y no hallo el sentido a las cosas que me contaron. Encontré panfletos disimulados en los nudos periféricos del huno primitivo. Antena3 retransmitía en directo la juerga. Ello daba veracidad, pero ofrecía confusión. El fenómeno catódico hirsuteaba ya andrógino y maloliente entre las perséfonas, los centauros y los lapitas. Pero no supimos retratarlo.
Al comprar la mermelada, se avecina un recuerdo indistinguible atrapado en la mnuémena ustirgada de la expalicea catártica. Y así adormecidos, nos balanceamos tétricos y urgidos por las espinas falangoicoidales de la boreal consumia, hasta languidecer plácidos por la sobredosis de colores, precios y amalgamas.
La ahistoria se ha escrito como ciencia confusa, confundida en su parto, ya que no es capaz de trazarse un itinerario claro que salve el mito del raciocinio, la veneración de la rabia, y el juicio del párpado pesado que Benedetti nos regaló. Y ante eso, ¡resurja la ahistoria!, ¡anide la confusión!.
Los teseos y las eurídices asoman sus micénicas tempestades a los abismos formados por las vigas flotantes del pireo pirenaíco. Hercules fecunda a Pirene. Y eso es mito. Platón sitúa las almas en el Hades. Y eso es razón.
La confusión y la historia son reinos compactos, como la intuición y la doxa, la gnosis y la dridaga. Vengo vendiendo golosinas en el quiosco aterido al centro emulsor de radiaciones históricas y no hallo el sentido a las cosas que me contaron. Encontré panfletos disimulados en los nudos periféricos del huno primitivo. Antena3 retransmitía en directo la juerga. Ello daba veracidad, pero ofrecía confusión. El fenómeno catódico hirsuteaba ya andrógino y maloliente entre las perséfonas, los centauros y los lapitas. Pero no supimos retratarlo.
Al comprar la mermelada, se avecina un recuerdo indistinguible atrapado en la mnuémena ustirgada de la expalicea catártica. Y así adormecidos, nos balanceamos tétricos y urgidos por las espinas falangoicoidales de la boreal consumia, hasta languidecer plácidos por la sobredosis de colores, precios y amalgamas.
La ahistoria se ha escrito como ciencia confusa, confundida en su parto, ya que no es capaz de trazarse un itinerario claro que salve el mito del raciocinio, la veneración de la rabia, y el juicio del párpado pesado que Benedetti nos regaló. Y ante eso, ¡resurja la ahistoria!, ¡anide la confusión!.

0 Comentarios:
Publicar un comentario
<< Inicio