SEGUNDO DERECHA

15 julio 2006

Las ciencias secretas XVI

Existencia sin realidad. Marasmo sin sacudida. Efecto sin causa. Un sinfín de conmundos aceptan su confluencia en torno a la mente débil y aplacada, dotando de veracidad los vericuetos de una razón al límite de su vaciado por exceso. Es el placebo. ¿Sufren el efecto placebo los animales y las cosas?

El placebo inunda nuestras convicciones y sensaciones. La guerra es el placebo del orden y la paz. Un seguro contra la diversidad y un cierre de filas a favor de la concentración de esfuerzos.
La serenidad es el placebo de nuestra inacción ante la injusticia elemental de la ausencia de alimento.
La paranoia es el placebo del desorden mental y el caos primitivo de estilo lovecraftiano.
Las armas de fuego el placebo del ataque inminente (Moore), la invasión religiosa el placebo de las masas forzadas por la miseria, la "justicia duradera" el placebo de las necesidades petrolíferas y gasísiticas.

Siempre existe un efecto indoloro que guía nuestro arredro, avalanza nuestra hirsuta concatecuencia hacia el implore gozneado por la calcilla estrusa, abstruída abstrusa por la ignominia. El invento, la abstracción, ha generado nuestro despegue de la realidad al punto de pasar sobre cualquier suceso e inventar placebos para superar la miseria que es la vida. Quizá así se manifiesta en el humano el instinto de supervivencia.

Placebo es creer cuando te dicen "te quiero" y sabes que no es cierto pero necesitas oirlo, para que la vida no se te venga abajo. Placebo es creer cada día que para alguien, a tu lado, o lejos de ti, eres imprescindible.