SEGUNDO DERECHA

22 julio 2006

Las ciencias secretas XVII

Palidece el arroyo sanguinolario bajo la faz de las guerras. Las identidades electivas. Las afinidades identitarias. La genética indica que las diferencias son siempre menores que los parecidos. El genoma de cualquier mamífero y el humano tienen menos de un diez por ciento de diferencia.

Sin embargo debemos enfretarnos al principio entrópico de la materia, el aumento indisimulado de la incertidumbre acerca de un conjunto ordenado de datos, conforme se manifiestan en la naturaleza y el cosmos.

¿Desafía entonces la vida, con su comportamiento plagado de similitudes y aprendizajes, el caos genérico que conduce a la materia a la formación de sistemas?

No es una ciencia secreta la vida. Como no lo es la identidad. Las naciones, las convenciones y las guerras, ¿ están guiadas por entropía e incertidumbre, o por genética y proximidad?.
La variable biológica -de empatía- es ignorada por el comportamiento humano que nos remite más bien a la entropía caótica de la materia cósmica.

Y todo ello para reafirmar el sinsentido de nuestra vehiculación convivencial, la parálisis evolutiva al alinear las identidades importantes. Un individuo no es sino la catalalgia erudiente que, fruto de la conmisterancia asoma su aladira en un arrebato de libertad.

La libertad, que sometida por las convenciones, estrujada por las naciones, esclavizada por la coerción de la guerra, queda relegada en este horizonte, a no ser más que un instrumento entrópico bailando en el alambre.