SEGUNDO DERECHA

12 agosto 2006

Las ciencias secretas XX Ocaso

Fin de trayecto. Mirada hirsuta hacia el horizonte jalonado de potenciales armamentos cienciales y de humildes páramos abonados de rododendros. Desde la simple paraximitud que es el fin toca afrontar el último bastión secreto integrado a nuestra edad y nuestro fracaso.

Nuestra última ciencia: la historia del tiempo. El tiempo, un ser realtivo, histórico, inserto en el universo al que pertenece. Igual que se supone existen universos paralelos, existen tiempos paralelos. Fuera de universo no existe el tiempo. Ahí reside nuestra eterna pregunta de fácil pero hiriente respuesta: La muerte como manifestación biológica, ¿está sujeta al tiempo?.

Y una respuesta: La no exitencia cae fuera del universo, que como tal existe, y por tanto la muerte no conoce el tiempo. Los conceptos eternidad e inmortalidad nacen del desconocimiento acerca de la magnitud del tiempo y son las envolturas del miedo. Los primeros mitos conocidos son de hombres jugando con el tiempo, prometiendo su existencia en otras vidas, en vidas sucesivas y comerciando con el miedo.

El tiempo está historiado, y la historia de las ciencias secretas en segundo derecha tiene una duración limitada: llega hasta aquí.

Irremediablemente tendemos a jugar con la trascendencia, y nuestra intuición especulativa inventa formas de combatir verdades de tanto peso escénico. Así surje la Leyenda de tiempo, una forma tenue y modesta de enfrentarse al vacío de tiempo. Lorca en la letra y Camarón en el cante, pronuncian la más bella fórmula científica sobre el tiempo:

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño

Sueño y tiempo, la poética para escapar de la brutalidad que es la conciencia de formar parte de un viaje al que no hemos acudido de forma voluntaria, pero al que nos agarramos engendrando ciencia y asumiendo entusiasmos efímeros y crueldades persistentes.

Imaginamos que existen bucles y agujeros de gusano, al menos durante el viaje lisérgico. Imaginamos llegar a ser riders of the storm, y en algún que otro arrebato cannábico incluso creemos detener el tiempo, asirlo, disfrutar de su esencia permanente. Son las pequeñas victorias que un atardecer secreto propuse a un viejo hechicero para describir lo que es la singularidad. Un puerto en el océano del misterio en el que los piratas combaten la soledad, con buen ron y la certeza de hallarse a salvo para siempre.

Y habiendo abordado la ciencia secreta del tiempo, no podemos sino cantar una derrota por aburrimiento del lector. Resulta más que probable que las mismas solo tengan un único y ratuno lector, acribillado de cervezas y atiborrado de porros , que en la macilencia de un atardecer y al descubrir estas líneas no entienda nada, y abandone su lectura para abrazar la leyenda del tiempo , y bajo los efluvios de esa hermosa música dé cumplida fe del verdadero sentido que ha acompañado al devenir de estas páginas.
Porque bajo la apariencia de hermetismo no ruge otro significado que el de asirse a la vida. Y saber hacerlo constituye toda una ciencia, para mí, todavía, secreta.

3 Comentarios:

  • At 12 agosto, 2006 22:14, Anonymous Anónimo said…

    Thans´ compay: por la letra,

    por empeñarse en
    vivir,

    por la voz,
    incluso...

     
  • At 24 agosto, 2006 20:50, Anonymous Anónimo said…

    Vale,... insisto:
    Existe sólo una dicotomía vital:

    a./ Empeñarse en vivir...
    b./ Empeñarse en morir.

    Salud.

     
  • At 17 septiembre, 2006 18:41, Anonymous Anónimo said…

    Buen final...pero no te vayas, vuelve un poco menos hermético quizá.

    Esperamos la próxima serie aunque sea rododéndrica.

     

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