Continuando con el ciclo y habiendo leído esas impresionantes definiciones de "bufón" y de "amistad", he quedado absorto. Y absorto hasta tal punto que creo que después de eso deberíamos cerrar el blog y dejar estas entradas como colofón de los colofones, como nuestro legado para generaciones venideras.
Cielo santo, me voy a tener que cortar las venas para soportaros.
Quiero blandir una vez más mi blandenguería, con otro breve relato:
"Debo reconocer que nunca había buceado por los adentros de la noche y la carne como aquel estipendioso día junto a Coral.
Local tras local, habíamos buceado la fauna extrema de la nocturnidad: paracaidistas travestis, románticos del cuero, streepers de los fluidos, espartanos del bisex.
Llegados al fin del trayecto Coral me miró. En silencio agité un beso comprometido sobre su mejilla y marché urgente al pabellón de la masturbación en que había convertido mis aposentos íntimos.
Siempre llegaba tarde a nuestras citas. No acababa de asumir nuestra ruptura diez años atrás. ¡Dios mío! Diez años de prognata separación. Te sigo viendo como aquella sofisticada y erótica dama del vagabundo de la nostalgia. Estaba loco. Amenazado.
Un café y tostadas. Tus problemas con los acreedores y las medias.
El rumbo de la canción me lleva hasta el universo de un amor diez años atrás. Un presente terrible junto a Coral, esa mujer, mitad hombre, en la que pienso rutilante y entusiasta.
No puedo evitar pensar qué hubiese sido de nosotros. Nos despedimos aquel último día como siempre, sin saber donde colocar nuestras bocas ni nuestros brazos. Ni nuestros ojos.
Nada es lo que parece. Coloqué sobre ti el esperma de una relación recalcitrante basada en la inexactitud que hace adorable al hombre. Y tú me dejaste por una mujer a la que asir en las noches frágiles.
Coral lo es todo ahora. Por eso voy despacio. Quiero llegar a ella con la plomiza mirada de un
l´enfant engagé, y esperar a que cambie su sexo para poseerla/o."