Blandidas Blandengues VII
El baby boom ha dejado tieso al blog. Pues sabeis que os digo: mejor. El silencio, el absentismo y el desdén dotan a segundoderecha de la calma chicha que necesita para meditar acerca de lo que realmente importa.
A los transeúntes ocasionales decirles que no siempre es así, que en ocasiones alguien corta y pega algún poema, alguna foto, algún resumen del pasado traído a colación como la trucha al trucho. Y me dirijo en especial a los morbosos del espectáculo barato: desnúdaos ante el paso por el blog. Decid todo aquello que no os atreveis a comentar por miedo a la censura, el infortunio o la sensación de ser ignorados (abstenerse aludidos).
Así que, lector ocasional o acaso fiel, dejaos llevar, que el Apofis viene hacia aquí y chocará con la tierra en el año 2.036, previa visita para saludar en el 2.029. ¡Cómo molan los asteroides!.
Como Apofis tiene unos 300 metros, donde irá a caer. Se me ocurren emplazaminetos idóneos:
Calle Génova, Downing Street... Sin embargo no caerá esa breva, y a fuer de conocer como se las gasta el Altísimo las probabilidades de que caiga sobre la República Centroafricana, Angola o Tanzania aumentan hasta el 90%.
Por cierto, ¿que pensáis hacer en los últimos 29 años de vuestra vida?. El 13 de abril de 2.036, como conmemorando el estallido repúblicano el asteroide Apofis, convertirá la injusticia divina en justicia humana. ¡Viva el fin del mundo!
"Lorqoui, je t’aimé. Un lugar curioso instalado donde debería estar otro poblado, Ceutoui. Sus calles estrechas, sus chicos juguetones, sus policías amables, provocan en el visitante un inefable sentimiento de alegría, pese a haber acabado allí por error.
Los encantos de los lugares enrocados no son sencillos de percibir. Cuando la gastronomía no es reputada, ni hay ruinas románicas o árabes, ni un bosque anegado de hayas, hay que tomar medidas de inmediato. Si la arquitectura, la herencia o el entorno natural no dotan al emplazamiento de un especial atractivo la política local debe construirse con otros mimbres, que hagan llegar al viajero a sus puertos, a saber:
1..- Ubicarse junto a otro poblado que sí posea alguno de los encantos susceptibles de captar visitantes.
2.- Mimetizarse con el mismo, procurando parecerse lo máximo posible al mismo, para confundir al viajero.
3.- Cambiar las señalizaciones ubicadas en diez kilómetros a la redonda, de tal forma que donde aparezca la indicación “Ceutoui” le lleve directo a “Lorqoui”
4.- No colocar ningún cartel, rótulo o señalización que indique en qué poblado te encuentras.
5.- Implantar una consigna ciudadana: hacerse el descuidado al ser preguntado acerca de donde se encuentra o cómo se llega a tal o cual emplazamiento.
Si contamos que un número importante de los viajeros visitantes alcanzan un considerable grado de torpeza, entonces aún será más fácil lograr los objetivos fijados."
A los transeúntes ocasionales decirles que no siempre es así, que en ocasiones alguien corta y pega algún poema, alguna foto, algún resumen del pasado traído a colación como la trucha al trucho. Y me dirijo en especial a los morbosos del espectáculo barato: desnúdaos ante el paso por el blog. Decid todo aquello que no os atreveis a comentar por miedo a la censura, el infortunio o la sensación de ser ignorados (abstenerse aludidos).
Así que, lector ocasional o acaso fiel, dejaos llevar, que el Apofis viene hacia aquí y chocará con la tierra en el año 2.036, previa visita para saludar en el 2.029. ¡Cómo molan los asteroides!.
Como Apofis tiene unos 300 metros, donde irá a caer. Se me ocurren emplazaminetos idóneos:
Calle Génova, Downing Street... Sin embargo no caerá esa breva, y a fuer de conocer como se las gasta el Altísimo las probabilidades de que caiga sobre la República Centroafricana, Angola o Tanzania aumentan hasta el 90%.
Por cierto, ¿que pensáis hacer en los últimos 29 años de vuestra vida?. El 13 de abril de 2.036, como conmemorando el estallido repúblicano el asteroide Apofis, convertirá la injusticia divina en justicia humana. ¡Viva el fin del mundo!
"Lorqoui, je t’aimé. Un lugar curioso instalado donde debería estar otro poblado, Ceutoui. Sus calles estrechas, sus chicos juguetones, sus policías amables, provocan en el visitante un inefable sentimiento de alegría, pese a haber acabado allí por error.
Los encantos de los lugares enrocados no son sencillos de percibir. Cuando la gastronomía no es reputada, ni hay ruinas románicas o árabes, ni un bosque anegado de hayas, hay que tomar medidas de inmediato. Si la arquitectura, la herencia o el entorno natural no dotan al emplazamiento de un especial atractivo la política local debe construirse con otros mimbres, que hagan llegar al viajero a sus puertos, a saber:
1..- Ubicarse junto a otro poblado que sí posea alguno de los encantos susceptibles de captar visitantes.
2.- Mimetizarse con el mismo, procurando parecerse lo máximo posible al mismo, para confundir al viajero.
3.- Cambiar las señalizaciones ubicadas en diez kilómetros a la redonda, de tal forma que donde aparezca la indicación “Ceutoui” le lleve directo a “Lorqoui”
4.- No colocar ningún cartel, rótulo o señalización que indique en qué poblado te encuentras.
5.- Implantar una consigna ciudadana: hacerse el descuidado al ser preguntado acerca de donde se encuentra o cómo se llega a tal o cual emplazamiento.
Si contamos que un número importante de los viajeros visitantes alcanzan un considerable grado de torpeza, entonces aún será más fácil lograr los objetivos fijados."
