SEGUNDO DERECHA

20 abril 2007

Manuales de Insurgencia IV

Leo recientemente:

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en una reciente notificación, ha calificado de «erróneas o peligrosas" algunas de las afirmaciones recogidas en textos escritos por Jon Sobrino, y que forman parte de la Teología de la Liberación. Para Félix Placer, a pesar de estas censuras, la teología de Jon Sobrino, «radicalmente fiel a los pobres y a su fe en Jesucristo, sigue descubriendo el germen último de toda liberación, esperanza y salvación".
Cuando hace unos años entrevistaban en TV a Jon Sobrino, juntamente con Leonardo Boff, una de las preguntas fue: ¿Cuál sería su utopía, su ideal hoy?: «Que mañana los hombres y mujeres, los niños pobres de El Salvador puedan comer». Su respuesta espontánea nacía de su experiencia vivida en una situación de enorme injusticia social y política, de opresión de un pueblo, de todo el continente latinoamericano. Desde ahí ha ido elaborando este mundialmente reconocido teólogo de la liberación, profesor de la Universidad Centroamericana, su reflexión sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre la Iglesia... en la realidad sufriente, crucificada de un pueblo, del mundo de los pobres bajo la «égida neoliberal, regida por el principio del egoísmo, que produce violencia y da muerte millones de seres humanos», como él mismo denuncia.


Así estamos. Y como dijo Óscar Romero:

«La gloria de Dios es que el pobre viva». La utopía de Jon Sobrino, de la teología de la liberación, es que los pobres vivan con dignidad. Ante la «notificación» vaticana, comentaba a uno de sus amigos: «Me creerás si te digo que más que Roma, o la historia, me preocupa y me anima lo que piense la cocinera: si han visto en nosotros gente de bien».

Desde luego en que estarán pensando en Roma... Quizá en el mantenimiento del chiringuito religioso, en el nuevo libro de su teologal Papa, en mantener la Cope, el negocio del Opus Dei, el acallamiento de los peligrosos estudios hermenéuticos sobre Jesús, en dar la comunión a dictadores, en prohibir los preservativos como mecanismo de prevención de enfermedades, en prohibir el divorcio, la igualdad de sexos, en prohibir la eutanasia, en prohibir, prohibir, prohibir.

La lucha por la pobreza no puede hacerse desde la colonización ni desde la caridad. Solo con una fuerte dosis de justicia social, rebelión ante el neoliberalismo constrictor, control de las fuentes de riqueza y la propiedad de la tierra y reparto del trabajo podrá alcanzarse el ideal perseguido con el mensaje de Jesús.

No compartiré con Sobrino sus creencias. Pero al menos sí sus actuaciones, y así podré respetar sus principios.

¿Alguien piensa que la fábula de Jesús puede tener por corolario lógico que una Segunda Venida lo iba a llevar al Vaticano?


Estoy seguro que su Segunda Venida lo llevaría a ser el hijo de la cocinera de Jon Sobrino

13 abril 2007

Manuales de Insurgencia III

Leo recientemente

Según Chalmers Johnson el total de Bases militares estadounidenses en otros países en 2005- según fuentes oficiales- era de 737. Resulta muy interesante que las treinta y ocho instalaciones militares estadounidenses de tamaño grande y medio diseminadas por el planeta en 2005 (la mayoría bases aéreas y navales para nuestros bombardeos y flota) casi igualan con exactitud las treinta y seis bases navales y guarniciones británicas en la época de su cenit imperial en 1898. El Imperio Romano en su momento de plenitud en el año 117 (a.C.) necesitaba treinta y siete grandes Bases para vigilar sus posesiones, desde Bretaña hasta Egipto, de Hispania a Armenia. Quizás el número óptimo de grandes fortalezas y guarniciones para una potencia imperialista aspirante a dominar el mundo se mueva entre treinta y cinco y cuarenta.
Sus bases en el exterior, según el Pentágono, tienen 32.327 cuarteles, hangares, hospitales y otros edificios de su propiedad, y 16.527 más en alquiler. El tamaño de estas instalaciones, reflejada en el inventario, ocupa 687.347 acres(1) en el exterior y 29.819.492 en total, lo que convierte al Pentágono en el mayor terrateniente del mundo.


¡Coño! Cómo es el imperio, no solamente es un leviatán armado, sino también un especulador inmobiliario acrisolado. ¡Temblad, países de la tierra!

Y digo yo, qué intereses defienden esos monstruosos poderes militares imperiales. Porque eso de vender que es un imperio al servicio de la libertad resulta hasta gracioso (la Contra, Pinochet, Sadam en los 80, Franco, Mohamed VI, Mubarak, Shamir Netanyahu Sharon Olmert, Videla, Arabia Saudí al completo, Mugabe, Obansajo, Ríos Mont, Noriega –el primer Noriega-, Musarraf, Rumsfeld, Wolfowitz, Cheney, Texaco, Hallyburton, Obiang…). Aunque quizá esté equivocado. Hay que reconocer que apenas hay ejemplos de violaciones sistemáticas de la libertad por parte del imperio. Lo que va entre paréntesis es anecdótico.

Entonces qué intereses tutelan esos militares, me pregunto. No atino a atisbarlos… Se me ocurren algunos al azar, pero seguro que no tienen nada que ver con la realidad:

Plan Marshall, intereses petrolíferos en el Golfo Pérsico, golfo de Guinea, Nigeria, México, intereses gasísticos y energéticos en Afganistán, norte de África y Latinoamérica, fosfatos marroquíes, industrias químicas en India y Latinoamérica, madereros en Brasil, equilibrios militares que pese a permitir genocidios permitan mantener influencia en zonas neoeconómicas de interés (Mercosur, ALCA, genocidio palestino, dictaduras del golfo pérsico y PaKistán…), expolio de materias primas en África y Latinoamérica, apoyo a la colonización de las sociedades transnacionales americanas e incluso europeas, mantenimiento de las patentes farmaceúticas, sostenimiento de las subvenciones internas a la agricultura,…

En fin, hoy no es mi día, y fabulo que no he dado ni una en el clavo. El clavo ardiendo que es un imperio brutal y pusilánime que tiene en sus genes el sostenimiento del imperialismo económico –virulento, colonizador, fagocitador de materias primas y culturas- y el uso interesado de la libertad en función de los intereses del verdadero gobierno multinacional en la sombra.

Pregunten a Dicky Cheney. Él sí sabe.