Manuales de Insurgencia IV
Leo recientemente:
La Congregación para la Doctrina de la Fe, en una reciente notificación, ha calificado de «erróneas o peligrosas" algunas de las afirmaciones recogidas en textos escritos por Jon Sobrino, y que forman parte de la Teología de la Liberación. Para Félix Placer, a pesar de estas censuras, la teología de Jon Sobrino, «radicalmente fiel a los pobres y a su fe en Jesucristo, sigue descubriendo el germen último de toda liberación, esperanza y salvación".
Cuando hace unos años entrevistaban en TV a Jon Sobrino, juntamente con Leonardo Boff, una de las preguntas fue: ¿Cuál sería su utopía, su ideal hoy?: «Que mañana los hombres y mujeres, los niños pobres de El Salvador puedan comer». Su respuesta espontánea nacía de su experiencia vivida en una situación de enorme injusticia social y política, de opresión de un pueblo, de todo el continente latinoamericano. Desde ahí ha ido elaborando este mundialmente reconocido teólogo de la liberación, profesor de la Universidad Centroamericana, su reflexión sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre la Iglesia... en la realidad sufriente, crucificada de un pueblo, del mundo de los pobres bajo la «égida neoliberal, regida por el principio del egoísmo, que produce violencia y da muerte millones de seres humanos», como él mismo denuncia.
Así estamos. Y como dijo Óscar Romero:
«La gloria de Dios es que el pobre viva». La utopía de Jon Sobrino, de la teología de la liberación, es que los pobres vivan con dignidad. Ante la «notificación» vaticana, comentaba a uno de sus amigos: «Me creerás si te digo que más que Roma, o la historia, me preocupa y me anima lo que piense la cocinera: si han visto en nosotros gente de bien».
Desde luego en que estarán pensando en Roma... Quizá en el mantenimiento del chiringuito religioso, en el nuevo libro de su teologal Papa, en mantener la Cope, el negocio del Opus Dei, el acallamiento de los peligrosos estudios hermenéuticos sobre Jesús, en dar la comunión a dictadores, en prohibir los preservativos como mecanismo de prevención de enfermedades, en prohibir el divorcio, la igualdad de sexos, en prohibir la eutanasia, en prohibir, prohibir, prohibir.
La lucha por la pobreza no puede hacerse desde la colonización ni desde la caridad. Solo con una fuerte dosis de justicia social, rebelión ante el neoliberalismo constrictor, control de las fuentes de riqueza y la propiedad de la tierra y reparto del trabajo podrá alcanzarse el ideal perseguido con el mensaje de Jesús.
No compartiré con Sobrino sus creencias. Pero al menos sí sus actuaciones, y así podré respetar sus principios.
¿Alguien piensa que la fábula de Jesús puede tener por corolario lógico que una Segunda Venida lo iba a llevar al Vaticano?
Estoy seguro que su Segunda Venida lo llevaría a ser el hijo de la cocinera de Jon Sobrino
La Congregación para la Doctrina de la Fe, en una reciente notificación, ha calificado de «erróneas o peligrosas" algunas de las afirmaciones recogidas en textos escritos por Jon Sobrino, y que forman parte de la Teología de la Liberación. Para Félix Placer, a pesar de estas censuras, la teología de Jon Sobrino, «radicalmente fiel a los pobres y a su fe en Jesucristo, sigue descubriendo el germen último de toda liberación, esperanza y salvación".
Cuando hace unos años entrevistaban en TV a Jon Sobrino, juntamente con Leonardo Boff, una de las preguntas fue: ¿Cuál sería su utopía, su ideal hoy?: «Que mañana los hombres y mujeres, los niños pobres de El Salvador puedan comer». Su respuesta espontánea nacía de su experiencia vivida en una situación de enorme injusticia social y política, de opresión de un pueblo, de todo el continente latinoamericano. Desde ahí ha ido elaborando este mundialmente reconocido teólogo de la liberación, profesor de la Universidad Centroamericana, su reflexión sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre la Iglesia... en la realidad sufriente, crucificada de un pueblo, del mundo de los pobres bajo la «égida neoliberal, regida por el principio del egoísmo, que produce violencia y da muerte millones de seres humanos», como él mismo denuncia.
Así estamos. Y como dijo Óscar Romero:
«La gloria de Dios es que el pobre viva». La utopía de Jon Sobrino, de la teología de la liberación, es que los pobres vivan con dignidad. Ante la «notificación» vaticana, comentaba a uno de sus amigos: «Me creerás si te digo que más que Roma, o la historia, me preocupa y me anima lo que piense la cocinera: si han visto en nosotros gente de bien».
Desde luego en que estarán pensando en Roma... Quizá en el mantenimiento del chiringuito religioso, en el nuevo libro de su teologal Papa, en mantener la Cope, el negocio del Opus Dei, el acallamiento de los peligrosos estudios hermenéuticos sobre Jesús, en dar la comunión a dictadores, en prohibir los preservativos como mecanismo de prevención de enfermedades, en prohibir el divorcio, la igualdad de sexos, en prohibir la eutanasia, en prohibir, prohibir, prohibir.
La lucha por la pobreza no puede hacerse desde la colonización ni desde la caridad. Solo con una fuerte dosis de justicia social, rebelión ante el neoliberalismo constrictor, control de las fuentes de riqueza y la propiedad de la tierra y reparto del trabajo podrá alcanzarse el ideal perseguido con el mensaje de Jesús.
No compartiré con Sobrino sus creencias. Pero al menos sí sus actuaciones, y así podré respetar sus principios.
¿Alguien piensa que la fábula de Jesús puede tener por corolario lógico que una Segunda Venida lo iba a llevar al Vaticano?
Estoy seguro que su Segunda Venida lo llevaría a ser el hijo de la cocinera de Jon Sobrino

1 Comentarios:
At 11 mayo, 2007 12:16,
Anónimo said…
el 11 de mayo del año 2007 d.C.,
Benedicto XVI ha dicho en Brasil que se acabó follar, marranos!!!, castidad, castidad y más castidad.
Mamáaaaaa, mamaaaaaa, ya están aquí!!!!
Y Ronaldo emocionado, claro!, como él ya va servido.
Es por el bien de los pobres nonatos, comprendés?
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