Manuales de insurgencia VI
Es propósito del cronista que elabora estos manuales, el acercarse a la situación actual del mundo que hemos construido o que nos hemos encontrado.
A tal me propongo repasar someramente cuales son los principales conflictos a los que asiste la humanidad. Este repaso me llevará por diferentes caminos pero su articulación esencial se efectuará a través de tres fórmulas de análisis
Conflictos territoriales y secesionistas.
Paises y territorios donde no se respetan los elementales derechos humanos
Mapa del hambre y su mezcla con los grandes intereses económicos de las empresas transnacionales.
El uso de tales criterios no se hará de un modo exclusivo ni excluyente, sino primando una forma de seleccionar la necesidad de insurgencia.
El paradigma de los conflictos territoriales malsanos que salpican la geografía mundial es el del SAHARA OCCIDENTAL.
Tras la descolonización española de su provincia africana del Sahara en 1975, se produjo la marcha verde, que no fue otra cosa que la brutal colonización militar del territorio saharaui por parte de Marruecos y Mauritania, repartiéndose ambas el territorio.
Los saharauis resistentes a la colonización tuvieron que marcharse al Tinduf, una región argelina carazterizada por constituir un auténtico secarral, sin ningún recurso natural. Allí el movimiento de reivindicación de un Estado independiente para el Sahara Occidental se agrupço en torno al Frente Polisario.
El Frente Polisario, apoyado por Argelia y por la extinta Unión Soviética nació como fuente de resistencia a la colonización marroquí, habiendo ejercido su reivindicación por medios pacíficos desde que en 1991 cesaron las agresiones militares marroquíes, merced a un acuerdo suscrito entre las dos partes bajo el auspicio de la ONU. El acuerdo contemplaba la celebración de un referéndum que aún hoy no se ha celebrado.
En 1979 Mauritania abandonó el Sahara, renunciando a sus derechos sobre el territorio en favor del Frente Polisario. Así el Sahara Occidental constituye un caso único en la descolonización de Africa, ya que 32 años después del abandono de la colonia, y de iniciar los trámites ante la ONU para la concesión de su independencia, no ha podido disfrutar de ella. Unos doscientos mil saharauis sobreviven en tiendas improvisadas en el Tinduf, mientras Marruecos ha ido llevando a cabo una selectiva repoblación de colonos árabes que ha convertido a la población de origen marroquí en mayoría en el Sahara.
Todas las condenas de la ONU a la actividad marroquí en el Sahara, el presunto apoyo de la Unión Europea, el apoyo explícito de Rusia y Argelia, no han servido de nada. Los desposeídos saharauis siguen a merced de un régimen tan autoritario y violento como el del rey Mohamed.
Los saharauis exigen un referéndum de autodeterminación que pasa por que los ciudadanos con derecho a voto sean exclusivamente los descendientes del último censo realizado bajo el dominio español. Lo contrario sería permitir que la colonización genocida de un régimen militarizado pueda decidir el destino de un ¿pueblo?. Marruecos ofrece una autonomía dentro del Estado que todos sabemos que sería virtual.
Pero entonces ¿por qué se prolonga la situación de ocupación en el Sahara?. La respuesta es sencilla. Porque Estados Unidos en el ejercicio de sus acuerdos bilaterales con el Reino de Marruecos ha impedido una vez tras otra el ejercicio del derecho de autodeterminación de los saharauis. Pero la razón esencial es que la riqueza mineral del Sahara es tremenda especialmente en los yacimientos de fosfatos, petróleo y gas. Igualmente su riqueza pesquera es enorme. Y resulta que la explotación de los grandes yacimientos minerales y petrolíferos saharauis la realizan de modo conjunto grandes empresas estadounidenses y empresas marroquíes propiedad del monarca.
En un conflicto como éste, que lleva al atropello de centenares de miles de personas que viven en la más absoluta miseria, en mitad del desierto, ¿debemos defender una causa nacionalista?. La respuesta es sí, porque lo contrario es lo que está sucediendo, la triste, violenta e inadmisible ocupación de un territorio para fagocitar sus recursos naturales, exprimir sus recursos humanos y engrandecer la fortuna de uno de los dictadores árabes más reprobables y de uno de los regímenes imperiales más destructivos de la historia de la humanidad.
La ONU da formalmente la razón al Frente Polisario. Pero nadie hace nada. Una generación entera de exiliados del Tinduf sigue ahí, en el ostracismo, en la indigencia. Y al Sr. Baker, que la vayan dando.
A tal me propongo repasar someramente cuales son los principales conflictos a los que asiste la humanidad. Este repaso me llevará por diferentes caminos pero su articulación esencial se efectuará a través de tres fórmulas de análisis
Conflictos territoriales y secesionistas.
Paises y territorios donde no se respetan los elementales derechos humanos
Mapa del hambre y su mezcla con los grandes intereses económicos de las empresas transnacionales.
El uso de tales criterios no se hará de un modo exclusivo ni excluyente, sino primando una forma de seleccionar la necesidad de insurgencia.
El paradigma de los conflictos territoriales malsanos que salpican la geografía mundial es el del SAHARA OCCIDENTAL.
Tras la descolonización española de su provincia africana del Sahara en 1975, se produjo la marcha verde, que no fue otra cosa que la brutal colonización militar del territorio saharaui por parte de Marruecos y Mauritania, repartiéndose ambas el territorio.
Los saharauis resistentes a la colonización tuvieron que marcharse al Tinduf, una región argelina carazterizada por constituir un auténtico secarral, sin ningún recurso natural. Allí el movimiento de reivindicación de un Estado independiente para el Sahara Occidental se agrupço en torno al Frente Polisario.
El Frente Polisario, apoyado por Argelia y por la extinta Unión Soviética nació como fuente de resistencia a la colonización marroquí, habiendo ejercido su reivindicación por medios pacíficos desde que en 1991 cesaron las agresiones militares marroquíes, merced a un acuerdo suscrito entre las dos partes bajo el auspicio de la ONU. El acuerdo contemplaba la celebración de un referéndum que aún hoy no se ha celebrado.
En 1979 Mauritania abandonó el Sahara, renunciando a sus derechos sobre el territorio en favor del Frente Polisario. Así el Sahara Occidental constituye un caso único en la descolonización de Africa, ya que 32 años después del abandono de la colonia, y de iniciar los trámites ante la ONU para la concesión de su independencia, no ha podido disfrutar de ella. Unos doscientos mil saharauis sobreviven en tiendas improvisadas en el Tinduf, mientras Marruecos ha ido llevando a cabo una selectiva repoblación de colonos árabes que ha convertido a la población de origen marroquí en mayoría en el Sahara.
Todas las condenas de la ONU a la actividad marroquí en el Sahara, el presunto apoyo de la Unión Europea, el apoyo explícito de Rusia y Argelia, no han servido de nada. Los desposeídos saharauis siguen a merced de un régimen tan autoritario y violento como el del rey Mohamed.
Los saharauis exigen un referéndum de autodeterminación que pasa por que los ciudadanos con derecho a voto sean exclusivamente los descendientes del último censo realizado bajo el dominio español. Lo contrario sería permitir que la colonización genocida de un régimen militarizado pueda decidir el destino de un ¿pueblo?. Marruecos ofrece una autonomía dentro del Estado que todos sabemos que sería virtual.
Pero entonces ¿por qué se prolonga la situación de ocupación en el Sahara?. La respuesta es sencilla. Porque Estados Unidos en el ejercicio de sus acuerdos bilaterales con el Reino de Marruecos ha impedido una vez tras otra el ejercicio del derecho de autodeterminación de los saharauis. Pero la razón esencial es que la riqueza mineral del Sahara es tremenda especialmente en los yacimientos de fosfatos, petróleo y gas. Igualmente su riqueza pesquera es enorme. Y resulta que la explotación de los grandes yacimientos minerales y petrolíferos saharauis la realizan de modo conjunto grandes empresas estadounidenses y empresas marroquíes propiedad del monarca.
En un conflicto como éste, que lleva al atropello de centenares de miles de personas que viven en la más absoluta miseria, en mitad del desierto, ¿debemos defender una causa nacionalista?. La respuesta es sí, porque lo contrario es lo que está sucediendo, la triste, violenta e inadmisible ocupación de un territorio para fagocitar sus recursos naturales, exprimir sus recursos humanos y engrandecer la fortuna de uno de los dictadores árabes más reprobables y de uno de los regímenes imperiales más destructivos de la historia de la humanidad.
La ONU da formalmente la razón al Frente Polisario. Pero nadie hace nada. Una generación entera de exiliados del Tinduf sigue ahí, en el ostracismo, en la indigencia. Y al Sr. Baker, que la vayan dando.
