Manuales de insurgencia VIII
No cabe duda que un recorrido por los conflictos más relevantes debe llevarnos a KOSOVO. Insertos en el corazón de Europa laten varios conflictos no resueltos. Uno de ellos es el de Kosovo, sin duda uno de los supuestos de confrontación territorial y política de más difícil resolución de los muchos que actualmente perviven.
El planteamiento del conflicto es relativamente sencillo. La solución, complejísima. La República Serbia, como parte de la antigua Yugoslavia estaba integrada por dos regiones autónomas, la Vojvodina y Kosovo. Estas dos regiones siempre han sido territorio serbio, tanto en el período de existencia de Yugoslavia como anteriormente. Fruto de la necesidad de mano de obra, y de las penosas-medievales- condiciones de vida de la vecina Albania, la región fue poblándose de inmigrantes albanos, mayoritariamente musulmanes. La situación llegó a tal punto que en los años ochenta se había invertido la situación poblacional. En Kosovo convivían una minoría serbia (20 por ciento de la población) y una mayoría albanesa (80 por ciento).
Los serbios detentaban todo el poder, tanto institucional como económico ypor supuesto el militar. Los albanos eran mera mano de obra.
Cuando la antigua Yugoslavia se desintegra, los albanokosovares inician un movimiento secesionista llevados por el injusto reparto de la riqueza y del poder existente en el status quo kosovar. La rebelión es iniciada por un grupo guerrillero armado, la UCK.
Como respuesta a la rebelión la Serbia de Milosevic se lanzó a un genocidio selectivo de la minoría albanesa, la cual se hallaba indefensa e inmensamente pobre. Este ataque serbio motivó el desplazamiento de 200.000 refugiados albanos y la intervención de la OTAN, que bajo el auspicio de Estados Unidos bombardeó e invadió Kosovo, obligando al ejército serbio a retirarse e instaurando un protectorado bajo el gobierno de la ONU (UMNIK) hasta que se encontrase una solución al conflicto y se entregase el poder al pueblo kosovar.
Con la celebración de las elecciones de 2004 se consiguió que por primera vez un líder albanokosovar, el moderado Ibrahim Rugova, compartiese el poder de Kosovo con la UMNIK.
Pero lejos de constituir la solución al conflicto, parte de los albanokosovares decidieron que era el momento de la venganza, dedicándose a practicar un selecto genocidio de la minoría serbia. Muchos de los serbios de Kosovo (se calcula que un 50 por ciento) abandonaron Kosovo en dirección a otras regiones de Serbia. Los que aún quedan allí precisan la protección de los militares de la OTAN denominados específicamente KFOR. La guerrilla de la UCK sigue atentando contra los serbios que permanecen en el territorio, provocando una terrible situación de confinamiento a las familias y los hogares serbios.
El encargado de proponer una solución definitiva para Kosovo fue el finlandés Martti Ahtisaari, el cual ha propuesto la secesión se Kosovo y su declaración como Estado independiente. Los Serbios, pese al chantaje de ceder para poder entrar en la Unión Europea, se niegan en rotundo a permitir que una parte de su territorio histórico se vea amputada por el mero hecho de que en ella exista una mayoría étnica y religiosa diferente a la del resto de Estado, alegando además que deben proteger a los ciudadanos serbios que serían genocidados en cuanto desapareciera el tutelaje de la ONU del territorio kosovar.
Con el todavía reciente trasfondo de la desintegración de Yugoslavia y la brutal guerra secesionista de Croacia y Bosnia Herzegovina, nadie se atreve a dar un paso definitivo.
La insurgencia albanokosovar surge de la marginación, la pobreza y el sufrimiento vividos bajo el férreo régimen comunista yugoslavo. La soberanía territorial pertenece a Serbia, la cual alimenta el nacionalismo mediante su reivindicación.
¿Cómo debemos resolver el conflicto? Desde la ortodoxia democrática el territorio es secundario y deben primar los ciudadanos, y por tanto el plan Ahtisaari debe llevarse adelante y debe proclamarse un Estado de Kosovo independiente.
Ahora bien, las manifestaciones del portavoz de ACNUR, Kris Janowski, en marzo de 2003 no dejaban lugar a dudas: si la ONU abandona Kosovo, las minorías étnicas —serbios y gitanos— se enfrentarán a graves problemas de seguridad, ya que en la actualidad carecen de acceso a servicios como la educación y la sanidad, y viven separados y discriminados de las poblaciones albanesas.
Por no hablar de la vieja aspiración albanesa de anexionarse Kosovo.
Nos gustaría encontrar soluciones a la irracionalidad. Pero no las hay. ¿O sí?
El planteamiento del conflicto es relativamente sencillo. La solución, complejísima. La República Serbia, como parte de la antigua Yugoslavia estaba integrada por dos regiones autónomas, la Vojvodina y Kosovo. Estas dos regiones siempre han sido territorio serbio, tanto en el período de existencia de Yugoslavia como anteriormente. Fruto de la necesidad de mano de obra, y de las penosas-medievales- condiciones de vida de la vecina Albania, la región fue poblándose de inmigrantes albanos, mayoritariamente musulmanes. La situación llegó a tal punto que en los años ochenta se había invertido la situación poblacional. En Kosovo convivían una minoría serbia (20 por ciento de la población) y una mayoría albanesa (80 por ciento).
Los serbios detentaban todo el poder, tanto institucional como económico ypor supuesto el militar. Los albanos eran mera mano de obra.
Cuando la antigua Yugoslavia se desintegra, los albanokosovares inician un movimiento secesionista llevados por el injusto reparto de la riqueza y del poder existente en el status quo kosovar. La rebelión es iniciada por un grupo guerrillero armado, la UCK.
Como respuesta a la rebelión la Serbia de Milosevic se lanzó a un genocidio selectivo de la minoría albanesa, la cual se hallaba indefensa e inmensamente pobre. Este ataque serbio motivó el desplazamiento de 200.000 refugiados albanos y la intervención de la OTAN, que bajo el auspicio de Estados Unidos bombardeó e invadió Kosovo, obligando al ejército serbio a retirarse e instaurando un protectorado bajo el gobierno de la ONU (UMNIK) hasta que se encontrase una solución al conflicto y se entregase el poder al pueblo kosovar.
Con la celebración de las elecciones de 2004 se consiguió que por primera vez un líder albanokosovar, el moderado Ibrahim Rugova, compartiese el poder de Kosovo con la UMNIK.
Pero lejos de constituir la solución al conflicto, parte de los albanokosovares decidieron que era el momento de la venganza, dedicándose a practicar un selecto genocidio de la minoría serbia. Muchos de los serbios de Kosovo (se calcula que un 50 por ciento) abandonaron Kosovo en dirección a otras regiones de Serbia. Los que aún quedan allí precisan la protección de los militares de la OTAN denominados específicamente KFOR. La guerrilla de la UCK sigue atentando contra los serbios que permanecen en el territorio, provocando una terrible situación de confinamiento a las familias y los hogares serbios.
El encargado de proponer una solución definitiva para Kosovo fue el finlandés Martti Ahtisaari, el cual ha propuesto la secesión se Kosovo y su declaración como Estado independiente. Los Serbios, pese al chantaje de ceder para poder entrar en la Unión Europea, se niegan en rotundo a permitir que una parte de su territorio histórico se vea amputada por el mero hecho de que en ella exista una mayoría étnica y religiosa diferente a la del resto de Estado, alegando además que deben proteger a los ciudadanos serbios que serían genocidados en cuanto desapareciera el tutelaje de la ONU del territorio kosovar.
Con el todavía reciente trasfondo de la desintegración de Yugoslavia y la brutal guerra secesionista de Croacia y Bosnia Herzegovina, nadie se atreve a dar un paso definitivo.
La insurgencia albanokosovar surge de la marginación, la pobreza y el sufrimiento vividos bajo el férreo régimen comunista yugoslavo. La soberanía territorial pertenece a Serbia, la cual alimenta el nacionalismo mediante su reivindicación.
¿Cómo debemos resolver el conflicto? Desde la ortodoxia democrática el territorio es secundario y deben primar los ciudadanos, y por tanto el plan Ahtisaari debe llevarse adelante y debe proclamarse un Estado de Kosovo independiente.
Ahora bien, las manifestaciones del portavoz de ACNUR, Kris Janowski, en marzo de 2003 no dejaban lugar a dudas: si la ONU abandona Kosovo, las minorías étnicas —serbios y gitanos— se enfrentarán a graves problemas de seguridad, ya que en la actualidad carecen de acceso a servicios como la educación y la sanidad, y viven separados y discriminados de las poblaciones albanesas.
Por no hablar de la vieja aspiración albanesa de anexionarse Kosovo.
Nos gustaría encontrar soluciones a la irracionalidad. Pero no las hay. ¿O sí?
