Blandidas Blandengues IV
El hastío consume mis últimos intentos de leer con normalidad segundoderecha. Hemos llegado al bochorno sin apenas darnos cuenta. Hemos culminado la cima del desangre intelectual casi sin haberla conquistado.
Y no digo nada de los lamentitos...
Magníficos accidentes polipoéticos. Años ha. Años que tarareo mentalmente al leer esas cosas. ¡Qué digo leer!. Leer implicaría centrar la atención y eso no es posible. ¿Cómo leer van a por nosotros, van a por nosotros, van a por nosotros, uh uh, uh? Grito de placer y de impotencia generandi.
Eso sí, todo compensado con las emociones sentidad al leer eso de aprender y ¿serás, amor? Tan sentido como vivido. Si alguien necesita un sicólogo aquí en las blandidas balndengues tenemos la terapia perfecta: léase los veinte episodios de las ciencias secretas seguidos y sin respirar. Y mientras tanto:
"Jardiel relamía la lata de atún mientras pensaba el hambre que había pasado. Los días tristes le encogían el estómago al punto de cortocircuitar su apetito.
La calle era un lugar difícil para sobrevivir. Había pensado qué tal podría irle con un trabajo gremial, comenzar como aprendiz de carpintero, o cristalero o repujador… Pero no se decidía a dar el paso. Quién iba a acoger a un chico sin formación, sin familia ni vivienda, cubierto de harapos y con el hambre como bandera…
Los puntos suspensivos constituían su fórmula de expresión preferida. Casi todo para él era indefinido o de final incierto.
Un día cuando aún vivía en casa de su madre había visto en la televisión unas imágenes en blanco y negro de un vagabundo con bastón y sombrero hongo que cocinaba un calcetín. Le habían encantado aquellas fotos móviles que tan simpáticamente retrataban la miseria.
Pero aquello le estaba ocurriendo a él. Era cierto como el respirar y no la imagen estática de una película romántica.
Se sentía desintegrar. No quería evocar la muerte de sus familiares ni sus otras desgracias. Simplemente sonrió, dejó la lata de atún, y se dijo a sí mismo que ahí afuera, en la calle, entre cartones, existían grandes aventuras por vivir y le estaban esperando.
Salió afuera del comedor social municipal y fue caminando lentamente toda la avenida verde junto al río…"
Y no digo nada de los lamentitos...
Magníficos accidentes polipoéticos. Años ha. Años que tarareo mentalmente al leer esas cosas. ¡Qué digo leer!. Leer implicaría centrar la atención y eso no es posible. ¿Cómo leer van a por nosotros, van a por nosotros, van a por nosotros, uh uh, uh? Grito de placer y de impotencia generandi.
Eso sí, todo compensado con las emociones sentidad al leer eso de aprender y ¿serás, amor? Tan sentido como vivido. Si alguien necesita un sicólogo aquí en las blandidas balndengues tenemos la terapia perfecta: léase los veinte episodios de las ciencias secretas seguidos y sin respirar. Y mientras tanto:
"Jardiel relamía la lata de atún mientras pensaba el hambre que había pasado. Los días tristes le encogían el estómago al punto de cortocircuitar su apetito.
La calle era un lugar difícil para sobrevivir. Había pensado qué tal podría irle con un trabajo gremial, comenzar como aprendiz de carpintero, o cristalero o repujador… Pero no se decidía a dar el paso. Quién iba a acoger a un chico sin formación, sin familia ni vivienda, cubierto de harapos y con el hambre como bandera…
Los puntos suspensivos constituían su fórmula de expresión preferida. Casi todo para él era indefinido o de final incierto.
Un día cuando aún vivía en casa de su madre había visto en la televisión unas imágenes en blanco y negro de un vagabundo con bastón y sombrero hongo que cocinaba un calcetín. Le habían encantado aquellas fotos móviles que tan simpáticamente retrataban la miseria.
Pero aquello le estaba ocurriendo a él. Era cierto como el respirar y no la imagen estática de una película romántica.
Se sentía desintegrar. No quería evocar la muerte de sus familiares ni sus otras desgracias. Simplemente sonrió, dejó la lata de atún, y se dijo a sí mismo que ahí afuera, en la calle, entre cartones, existían grandes aventuras por vivir y le estaban esperando.
Salió afuera del comedor social municipal y fue caminando lentamente toda la avenida verde junto al río…"

7 Comentarios:
At 01 diciembre, 2006 21:39,
Anónimo said…
aburres
At 01 diciembre, 2006 21:51,
Anónimo said…
uffff
comedor social municipal
ni se parecen
asi como lo planteas parece que estamos cerca, pero me parece que a cien años luzzzzzz
por desgracia, la realidad de nuestros tiempos es mucho mas desgarrante, Jardiel no puede llegar a esas cosas, o una, o otra,
cuando estas en la otra, es puntos suspensivos.........,desde luego, no aprendiz de carpintero
At 02 diciembre, 2006 00:07,
Anónimo said…
las letras bailan en la pantalla hasta aparecer sinsentidos consentidos... minuto a minuto jadeo a jadeo paso a paso la vida es mucho mas puta y yo TAN CONTENTO el hambre de las neuronas es mas dañino que el del estomago,aunque lo tengas perforado
At 02 diciembre, 2006 19:41,
Anónimo said…
A lo mejor tienes que revisar qué tipo de amigos bochornosos tienes y pensar que ya no cabes en este bonito piso. ¿En qué momento te alejaste de tus raices, de aquellos años en los que eructar era lo más inteligente que habías oido jamás?
Váyase señor .........
At 02 diciembre, 2006 19:54,
Anónimo said…
Límpiate los dientes, lávate los pies, cósete el jersey, píntate las uñas, cámbiate las pilas, cámbiate las pilas, cámbiate las pilas..........
At 04 diciembre, 2006 00:07,
Anónimo said…
¿por qué no subís fotos?
son mas entretenidas y no tiene uno que dejarse los ojos pegaos a la pantalla
de paso le quitais tragedia a esto, que parece que os estais peleando toldía, joer, pero que no es verdad, porque se que sois mas amigos que marranos, joer
At 04 diciembre, 2006 00:19,
Anónimo said…
Si este es el segundo ¿cómo será el tercero? Porque se trata de un psiquiatrico ¿No?
¡Madre mía! ¡Con la de neuronas que hacen falta p'arreglar el mundo y éstas en estanbay! ¿O es en formol?
Venga; mucho ánimo. Y mucha paciencia.
Dr. Mabuse
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