SEGUNDO DERECHA

05 mayo 2006

Las ciencias secretas VII

Contemplarse desnudo/a arretalado por la penumbra sigilosa que preside la intimidad. Acercarse enrabietado y actuante al ciclo del mundo perdido por el embeleso turgente de la impudicia. Revelar en cuarto oscuro tesmones y vaivenes. Ser acariciado por la tersura verde de los kinks de sunny afternoon.

Los placeres acuden a la cita siempre que el hambre latrocinia los raudales vídicos de multitud de personas perdidas en el abismo incorajudo que está asentado en la tiniebla que es nuestra consciencia de seres sin especie. Una poética de los vientos y los placeres recorre tranquila la sede de la baraka estadística que nos hace nacer aquí o allá, vestusos o mercúricos, inocentes o inocentes, acurrucados o llorosos.

Una secuencia de Adn perpetuo nos acorrala a la cuna. Un error en la distribución espérmica u ovular puede provocar ausencia de bienes comunes, seres conocidos, fiambre para cenar, wenders al desayuno o twist and shout en el guateque de fin de curso. Los coktails del azar y la henchidura constituyen un ensamblaje anaeróbico que segrega salivas y zumos y despide ladrillos o adobes, intemperies o cenitasios, hirsuteces o malarias.

Y nacer ensortijado al azar no genera menos esclavitudes que posesos engengra la vampírica visión del depredador humano azarando las vituallas secuestradas a la iuda.
Y en el proceso, construir una mentira no tiene importancia, porque el azar es parte de la cadena y forma el balanceo del péndulo advertido por la mirada del señor de mordor.

Ante semejante desafío cuasimenarejiano, poco hay que ofrecer sino la desnudez en la penumbra, la poética en el viento, y un brutal y estruídrico grito de rabia malsana ante la atrocidad que supone que el azar devorador haya arrasado la consciencia.