SEGUNDO DERECHA

19 mayo 2006

Las ciencias secretas IX

Proponer hasta llegar. Cerciorarse que las estrías han llegado a lo perecedero. Hasta blandirlo, hastiarlo, hacerlo abrededizo. Y ya no hay nada que producir. Ver pasar los días desde la ventana. Supinar la felicidad, como si fuera, como si existiera,... como si formara parte de la constatación, la filosofía de la sospecha o la endemia hirsuta que nos ha arrojado encima la misma. Es la filosofía la que está bajo sospecha. Y la ciencia y la literatura.

Leer hasta llegar. Proponer montones de caminos cuya encrucijada es la felicidad, un patrón romántico engendrado por la hipetrofia idealista de los caminos, las redenciones y las vidas eternas, amén. Un jaúreo indonesio, un belcebú del atolón de Clipperton, una novia en las Orcadas, un paraíso en Baker y Howland, un arrecife en la isla de Pitcairn, un señuelo en los dragonazgos de las islas de Diego García. La felicidad es índica y pacífica. Siempre transatlántica. La farsa de los cuentos volterianos y las verdades de educación santillana. Toda jungla enfervece, austiga, rodrecea, y sucumbe ante el fatalismo de la felicidad. Bastardía de los tiempos, herencia de la sospecha. Maldición del progreso estático, aumerado, coliembrado por chacales de la estirpe del pantaleón casero, zapatillas, monovolumen televisivo, ácitat mediático.

Y entre tanto paradigma la escusa perfecta, no hacer nada. Ver pasar los días desde la ventana, esperando la extinción de la especie. En eso consiste la simetría. Y es divertida porque se fabrica sobre patrones felices; la hipoteca, la calma, el colesterol reducido, los goles, la farándula panmediática y el teatro de chespire. Proponer felicidad, eso era la filosofía. Ábrase paso la ciencia secreta.

1 Comentarios:

  • At 20 mayo, 2006 19:30, Anonymous Anónimo said…

    Me sigue gustando más las ciencias secretas VIII. Es más esperanzadora y más poética

     

Publicar un comentario

<< Inicio