Manuales de Insurgencia V
Unas últimas reflexiones sobre el pensamiento y la praxis de la izquierda a nivel global. Como toda reflexión, ésta está llena de subjetividad, pero no por ello debo dejar de volcarla a segundo derecha.
Son múltiples los métodos y planteamientos inherentes a la izquierda naciente de las tesis del materialismo histórico. Inicialmente el movimiento izquierdista fue concebido como un movimiento internacional en pos de conquistar un modelo de producción socialista que reasignara a través del Estado los recursos naturales y devolviera al trabajo efectuado por el hombre la dignidad que el salario le cercena (al evitar que la plusvalía del mismo recaiga sobre el agente empresarial o terrateniente).
Un primer escollo surgió cuando las revoluciones inspiradas en una ideología de lucha de clases diseñada a la medida de sociedades de predominancia industrial, comenzó a triunfar en sociedades de predominancia agrícola (Unión Soviética, paises satélite, China, Vietnam...)
Junto a ello, la internalización del movimiento, inicialmente monolítica, fue sufriendo escisión tras escisión, hasta quedar descarnada. Cada facción optó por su método de análisis y sus propuestas para estructurar el Estado.
Y así fueron llegando las paradojas, una tras otra, entre otras:
-Las sociedades comunistas organizadas, en las que triunfa la revolución izquierdista, no logran encajar el prinicipio de la autonomía de la voluntad. La libertad individual comienza a verse laminada hasta casi desaparecer. La restricción de movimientos, las persecuciones por delitos de opinión, los gulags... comienzan a ser moneda de cambio habitual.
Desaparace en estos Estados el ámbito de la individualidad, la disidencia, la libertad de pensamiento y prensa, incluso la libertad sexual (baste citar la persecución de los homosexuales en Cuba, que duele en exceso), etc. Y ello es la muerte de cualquier sistema, idea o política izquierdista.
-La plusvalía del trabajo comienza a revertir en el socialismo real, esto es, en una élite de poder tan oligárquica como aquella contra la que se comenzó a luchar.
-El socialismo combativo en los regímenes liberales es llevado a las urnas. En algunos casos consigue el poder, pero siempre en un medio tan hostil, que para adaptarse al mismo es necesario reconvertirlo, dándole una nueva formulación: la socialdemocracia.
La socialdemocracia se verá inserta y absorvida por el fenómeno que trataba de combatir: el capitalismo. Las grandes familias empresariales copan las cúpulas de las organizaciones socialdemócratas.
A partir de aquí el pensamiento se disloca, y tenemos algunos fenómenos dignos de repaso:
-Surge una izquierda revolucionaria que defiende los métodos anarquistas de la acción directa y justifica el terrorismo y la violencia como método para combatir el capitalismo (Brigadas Rojas, Baader, Grapo, Sendero Luminoso...)
-Se incorporan a la izquierda movimientos de diversa índole -ecologismo, feminismo, sin tierra,...-que la convierten en un refugio plural para ampliar la esfera de libertad del individuo, incorporar la igualdad de sexos al capitalismo judeocristiano, colectivizar la tierra, reaprender a convivir con el entorno natural...
-Los Estados comunistas, acorralados por la globalización, comienzan a defender cosas como el doble sistema, esto es, comunista en lo político y capitalista en lo económico; China, Vietnam... ¡Esto es el colmo! Mientras tanto aplican la pena de muerte a discreción, exacerban su nacionalismo, ...
-Los militares, ya desde la revolución rusa, se convierten en estandartes del comunismo. Ahí va eso, los responsables de redistribuir la riqueza no son otros que destacados generales en el arte de la guerra: Birmania, Corea Norte, Cuba, Nicaragua, Venezuela...
-La socialdemocracia se ve acorralada, invadida y corrompida por el régimen que la ampara y se reduce casi a la nada, desde Brasil a Alemania, desde González a Mitterand, o aun peor a Blair.
-El movimiento internacional por excelencia, el socialista, sirve en algunos Estados y pueblos de bandera del nacionalismo exacerbado. Paradójicamente surgen aguerridos movimientos nacionalistas de izquierdas, quién podría creerlo. Así el comunismo serbio es ante todo nacionalista, igual que el coreano, por no hablar del Sin Feinn, Esquerra Republicana de Catalunya, Batasuna, Kizirguistán,... Y qué decir de Israel, donde el laborismo no solo es nacionalista y ocupacionista sino que rige el Ministerio de Defensa en pleno delirio antipalestino.
La redistribución de la riqueza, la propia definición de bienestar, el socialismo, se han convertido en algo muy difícil de asimilar de una forma que permita defender la coherencia global de un modelo.
El ejército venció a la milicia(¡pobre POUM!). La multinacional a la colectivización. El crecimiento económico es un dogma que puede arrasar la ecología, las libertades, la capacidad de movilización y pensamiento. Nada queda de la praxis igualitaria.
¿Debemos conformarnos con los logros socialdemócratas: Seguridad Social, Educación, Sanidad y Servicios Sociales para todos de modo gratuito?
¿A quién debemos apoyar? ¿Qué debemos apoyar?
En la bruma de esta paranoia, a un tipo melancólico como el que escribe estos manuales de Insurgencia solo le queda el romanticismo. Un romantiscismo muy especial. Aquel formado en la memoria y en el presente, en el que un grupo de soñadores lucharon y dieron -y aun hoy luchan y dan- lo mejor de su vida y hasta su vida por un mundo mejor, más igualitario. Unos pocos hombres y mujeres que enfrascados en la lucha frente a la tiranía y la esclavitud (capitalismo) intentaron e intentan, cambiar esta torcida trayectoria de la humanidad.
Y siento ser un romántico anclado en el tiempo, pero en España ese viejo ideal fue encarnado por parte de la República de 1931. Aquellos viejos republicanos, socialistas, sindicalistas, que dieron lo mejor de sí en la defensa de la libertad y contra el fascismo. Porque al final el socialismo no es otra cosa que una búsqueda ansiosa de libertad, que permita que todos los individuos puedan articular su convivencia de un modo igualitario. Aquel sueño fue destruido violentamente. ¿Qué debemos apoyar hoy? ¿Y a quién?
Son múltiples los métodos y planteamientos inherentes a la izquierda naciente de las tesis del materialismo histórico. Inicialmente el movimiento izquierdista fue concebido como un movimiento internacional en pos de conquistar un modelo de producción socialista que reasignara a través del Estado los recursos naturales y devolviera al trabajo efectuado por el hombre la dignidad que el salario le cercena (al evitar que la plusvalía del mismo recaiga sobre el agente empresarial o terrateniente).
Un primer escollo surgió cuando las revoluciones inspiradas en una ideología de lucha de clases diseñada a la medida de sociedades de predominancia industrial, comenzó a triunfar en sociedades de predominancia agrícola (Unión Soviética, paises satélite, China, Vietnam...)
Junto a ello, la internalización del movimiento, inicialmente monolítica, fue sufriendo escisión tras escisión, hasta quedar descarnada. Cada facción optó por su método de análisis y sus propuestas para estructurar el Estado.
Y así fueron llegando las paradojas, una tras otra, entre otras:
-Las sociedades comunistas organizadas, en las que triunfa la revolución izquierdista, no logran encajar el prinicipio de la autonomía de la voluntad. La libertad individual comienza a verse laminada hasta casi desaparecer. La restricción de movimientos, las persecuciones por delitos de opinión, los gulags... comienzan a ser moneda de cambio habitual.
Desaparace en estos Estados el ámbito de la individualidad, la disidencia, la libertad de pensamiento y prensa, incluso la libertad sexual (baste citar la persecución de los homosexuales en Cuba, que duele en exceso), etc. Y ello es la muerte de cualquier sistema, idea o política izquierdista.
-La plusvalía del trabajo comienza a revertir en el socialismo real, esto es, en una élite de poder tan oligárquica como aquella contra la que se comenzó a luchar.
-El socialismo combativo en los regímenes liberales es llevado a las urnas. En algunos casos consigue el poder, pero siempre en un medio tan hostil, que para adaptarse al mismo es necesario reconvertirlo, dándole una nueva formulación: la socialdemocracia.
La socialdemocracia se verá inserta y absorvida por el fenómeno que trataba de combatir: el capitalismo. Las grandes familias empresariales copan las cúpulas de las organizaciones socialdemócratas.
A partir de aquí el pensamiento se disloca, y tenemos algunos fenómenos dignos de repaso:
-Surge una izquierda revolucionaria que defiende los métodos anarquistas de la acción directa y justifica el terrorismo y la violencia como método para combatir el capitalismo (Brigadas Rojas, Baader, Grapo, Sendero Luminoso...)
-Se incorporan a la izquierda movimientos de diversa índole -ecologismo, feminismo, sin tierra,...-que la convierten en un refugio plural para ampliar la esfera de libertad del individuo, incorporar la igualdad de sexos al capitalismo judeocristiano, colectivizar la tierra, reaprender a convivir con el entorno natural...
-Los Estados comunistas, acorralados por la globalización, comienzan a defender cosas como el doble sistema, esto es, comunista en lo político y capitalista en lo económico; China, Vietnam... ¡Esto es el colmo! Mientras tanto aplican la pena de muerte a discreción, exacerban su nacionalismo, ...
-Los militares, ya desde la revolución rusa, se convierten en estandartes del comunismo. Ahí va eso, los responsables de redistribuir la riqueza no son otros que destacados generales en el arte de la guerra: Birmania, Corea Norte, Cuba, Nicaragua, Venezuela...
-La socialdemocracia se ve acorralada, invadida y corrompida por el régimen que la ampara y se reduce casi a la nada, desde Brasil a Alemania, desde González a Mitterand, o aun peor a Blair.
-El movimiento internacional por excelencia, el socialista, sirve en algunos Estados y pueblos de bandera del nacionalismo exacerbado. Paradójicamente surgen aguerridos movimientos nacionalistas de izquierdas, quién podría creerlo. Así el comunismo serbio es ante todo nacionalista, igual que el coreano, por no hablar del Sin Feinn, Esquerra Republicana de Catalunya, Batasuna, Kizirguistán,... Y qué decir de Israel, donde el laborismo no solo es nacionalista y ocupacionista sino que rige el Ministerio de Defensa en pleno delirio antipalestino.
La redistribución de la riqueza, la propia definición de bienestar, el socialismo, se han convertido en algo muy difícil de asimilar de una forma que permita defender la coherencia global de un modelo.
El ejército venció a la milicia(¡pobre POUM!). La multinacional a la colectivización. El crecimiento económico es un dogma que puede arrasar la ecología, las libertades, la capacidad de movilización y pensamiento. Nada queda de la praxis igualitaria.
¿Debemos conformarnos con los logros socialdemócratas: Seguridad Social, Educación, Sanidad y Servicios Sociales para todos de modo gratuito?
¿A quién debemos apoyar? ¿Qué debemos apoyar?
En la bruma de esta paranoia, a un tipo melancólico como el que escribe estos manuales de Insurgencia solo le queda el romanticismo. Un romantiscismo muy especial. Aquel formado en la memoria y en el presente, en el que un grupo de soñadores lucharon y dieron -y aun hoy luchan y dan- lo mejor de su vida y hasta su vida por un mundo mejor, más igualitario. Unos pocos hombres y mujeres que enfrascados en la lucha frente a la tiranía y la esclavitud (capitalismo) intentaron e intentan, cambiar esta torcida trayectoria de la humanidad.
Y siento ser un romántico anclado en el tiempo, pero en España ese viejo ideal fue encarnado por parte de la República de 1931. Aquellos viejos republicanos, socialistas, sindicalistas, que dieron lo mejor de sí en la defensa de la libertad y contra el fascismo. Porque al final el socialismo no es otra cosa que una búsqueda ansiosa de libertad, que permita que todos los individuos puedan articular su convivencia de un modo igualitario. Aquel sueño fue destruido violentamente. ¿Qué debemos apoyar hoy? ¿Y a quién?

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