Manuales de insurgencia VII
No hay mejor objetivo para continuar la descripción de aquellos conflictos que requieren una urgente insurgencia que acometer el caso de ANGOLA.
Este país, situado en el suroeste de África ha sufrido una sangrienta y brutal guerra civil que formalmente terminó en 2.002. El origen del conflicto hay que situarlo en el momento de la descolonización. Angola se independiza de Portugal en 1975, pero rápidamente su impresionante riqueza natural provoca el surgimiento de dos bandos enfrentados. De un lado, el gobierno, de orientación comunista surgido del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA).
Sus apoyos, la Unión Soviética y Cuba.
De otro lado, los rebeldes, agrupados en torno al UNITA y al Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA) que nada más perder las elecciones, se reunieron en el sur del país, declarando al mismo fuera de la vigencia del régimen gubernamental y proclamándose como república independiente apoyada por Estados Unidos y Suráfrica.
Aparentemente estamos ante uno de esos conflictos enraizados en la Guerra Fría, que forzaba a los territorios a una elección bipolar.
La Guerra Civil ha durado casi treinta años, y ha generado nada menos que ¡un millón de muertos!, cuatro millones de desplazados (de los que aún hoy al menos doscientos mil continúan fuera de Angola en campos de refugiados) y millones de personas hambrientas.
Los dos cabezillas de ambas facciones eran José Dos Santos, líder de la facción marxista-leninista, y Jonás Savimbi, lider de la rebelde UNITA. Su enconamiento personal fue de tal magnitud, que solo pudo firmarse la paz cuando murió Savimbi en 2.002.
Según la organización "Médicos Sin Fronteras" los bandos en conflicto atentaban directamente contra la población civil. El Gobierno provocaba la migración al territorio que controlaba de la población civil. Los que se negaban, eran masacrados. La UNITA por su parte, obligaba a sus seguidores al nomadismo, a consecuencia de su estrategia militar, lo cual impedía el cultivo de cereales y otros alimentos.
Un millón de muertos, miles de militares armados de modo permanente, exiliados, hambrunas terroríficas... Esto es África. ¿Qué sentido tenía la guerra? ¿Cómo se sustentaba? ¿Por qué la desidia de las denominadas potencias occidentales?
Cómo siempre la razón que sustenta un conflicto colateral de la guerra fría es la sinrazón. La gasolina que alimentaba estos conflictos: una ingente cantidad de recursos naturales, por supuesto ambicionados por las potencias occidentales y que permitían pagar las armas y mantener la fraticida lucha.
Y con una desgracia casualidad para el pueblo angoleño, el petróleo y los diamantes, las dos fuentes de riqueza esenciales de Angola, cayeron controlados cada uno por uno de los bandos. Como siempre la causa de un conflicto de esta magnitud no está en el odio racial, ni en la ideología, ni en búsqueda de la libertad. Es solamente una cuestión de control de los recursos naturales. Si yo controlo diamantes y tú petróleo, pues ya tenemos guerra para treinta años.
Tan curiosa fue esta guerra, que tras morir Savimbi, la UNITA se legalizó como partido, abandonó las armas y fue reinsertada en apenas tres meses.
Hoy solo queda una hambruna de las más grandes de África y un intento de enjugar las heridas causadas por la barbarie. Ni Estados Unidos, ni Rusia han pedido perdón jamás al pueblo angoleño. Asco de imperios.
Pt: hasta siempre, Charlie.
Este país, situado en el suroeste de África ha sufrido una sangrienta y brutal guerra civil que formalmente terminó en 2.002. El origen del conflicto hay que situarlo en el momento de la descolonización. Angola se independiza de Portugal en 1975, pero rápidamente su impresionante riqueza natural provoca el surgimiento de dos bandos enfrentados. De un lado, el gobierno, de orientación comunista surgido del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA).
Sus apoyos, la Unión Soviética y Cuba.
De otro lado, los rebeldes, agrupados en torno al UNITA y al Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA) que nada más perder las elecciones, se reunieron en el sur del país, declarando al mismo fuera de la vigencia del régimen gubernamental y proclamándose como república independiente apoyada por Estados Unidos y Suráfrica.
Aparentemente estamos ante uno de esos conflictos enraizados en la Guerra Fría, que forzaba a los territorios a una elección bipolar.
La Guerra Civil ha durado casi treinta años, y ha generado nada menos que ¡un millón de muertos!, cuatro millones de desplazados (de los que aún hoy al menos doscientos mil continúan fuera de Angola en campos de refugiados) y millones de personas hambrientas.
Los dos cabezillas de ambas facciones eran José Dos Santos, líder de la facción marxista-leninista, y Jonás Savimbi, lider de la rebelde UNITA. Su enconamiento personal fue de tal magnitud, que solo pudo firmarse la paz cuando murió Savimbi en 2.002.
Según la organización "Médicos Sin Fronteras" los bandos en conflicto atentaban directamente contra la población civil. El Gobierno provocaba la migración al territorio que controlaba de la población civil. Los que se negaban, eran masacrados. La UNITA por su parte, obligaba a sus seguidores al nomadismo, a consecuencia de su estrategia militar, lo cual impedía el cultivo de cereales y otros alimentos.
Un millón de muertos, miles de militares armados de modo permanente, exiliados, hambrunas terroríficas... Esto es África. ¿Qué sentido tenía la guerra? ¿Cómo se sustentaba? ¿Por qué la desidia de las denominadas potencias occidentales?
Cómo siempre la razón que sustenta un conflicto colateral de la guerra fría es la sinrazón. La gasolina que alimentaba estos conflictos: una ingente cantidad de recursos naturales, por supuesto ambicionados por las potencias occidentales y que permitían pagar las armas y mantener la fraticida lucha.
Y con una desgracia casualidad para el pueblo angoleño, el petróleo y los diamantes, las dos fuentes de riqueza esenciales de Angola, cayeron controlados cada uno por uno de los bandos. Como siempre la causa de un conflicto de esta magnitud no está en el odio racial, ni en la ideología, ni en búsqueda de la libertad. Es solamente una cuestión de control de los recursos naturales. Si yo controlo diamantes y tú petróleo, pues ya tenemos guerra para treinta años.
Tan curiosa fue esta guerra, que tras morir Savimbi, la UNITA se legalizó como partido, abandonó las armas y fue reinsertada en apenas tres meses.
Hoy solo queda una hambruna de las más grandes de África y un intento de enjugar las heridas causadas por la barbarie. Ni Estados Unidos, ni Rusia han pedido perdón jamás al pueblo angoleño. Asco de imperios.
Pt: hasta siempre, Charlie.

1 Comentarios:
At 07 octubre, 2007 12:35,
Anónimo said…
Con vuestro permiso y de muestra, ahí van tres botones:
- Ó heroi(el héroe) de Zézé Gamboa.
- Na cidade vazia (En la ciudad vacia) de Maria Joâo Ganga.
- Comboio da canhoca (El tren de canhoca) de Orlando Fortunato.
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