Las ciencias secretas XVIII
La ilusión óptica del acercamiento a verdades inalcanzables cuestiona nuestra propia percepción de la iluminación. Cómo creer unas y no otras. Cómo fantasear con la razón sin utilizar la fe. Cómo evolucionar con la ciencia sin dotarla de la fase hipotética.
La conspiración gnoseológica ha terminado. También la espistemológica. La dialegsis ya no puede guiarnos hacia una doxa cierta. Las capas de trenes hilvanados sobre chicles de fresa, han dado lugar a los chicles de clorofila. La fresa ácida ha sido corrompida por un arsenal de leucocitos parasitarios y de verundidades de gelatina. La repaisha ha terminado. Debemos optar por el chicle de menta.
La ilusión óptica se combate siempre del mismo modo. Distinguimos el humo de la proposición científica por lo mismo que la fe de la razón, que la ciencia de la religión, y que la filosofía de la gravedad:
Si la especie humana es en excluiva la protagonista hay que apartar la credibilidad de esa disciplina: olvidemos la resurreción de la carne, la religión, la fe, la filosofía.
Si la materia uniformiza a todo lo existente por igual -sin privilegios racionales- entonces el big bang inflacionario es posible, y también el abandono del fanatismo, y la defensa de los derechos.
Jugamos a soñar, no a generar humo. Jugamos a convivir, no a engendrar fanáticos. Jugamos a seducir, y por eso se hacen imprescindibles las ciencias secretas.
