SEGUNDO DERECHA

28 julio 2006

Las ciencias secretas XVIII

Humo: la resurección de la carne existe. Proposición científica: la teoría inflacionaria determina que en las primeras fracciones de segundo después del big bang toda la materia del universo sufrió un proceso de inflación tal que en el momento de la explosión toda ella estaba contenida en un espacio similar al de un protón, y tras unos segundos quedó como hoy la conocemos.

La ilusión óptica del acercamiento a verdades inalcanzables cuestiona nuestra propia percepción de la iluminación. Cómo creer unas y no otras. Cómo fantasear con la razón sin utilizar la fe. Cómo evolucionar con la ciencia sin dotarla de la fase hipotética.

La conspiración gnoseológica ha terminado. También la espistemológica. La dialegsis ya no puede guiarnos hacia una doxa cierta. Las capas de trenes hilvanados sobre chicles de fresa, han dado lugar a los chicles de clorofila. La fresa ácida ha sido corrompida por un arsenal de leucocitos parasitarios y de verundidades de gelatina. La repaisha ha terminado. Debemos optar por el chicle de menta.

La ilusión óptica se combate siempre del mismo modo. Distinguimos el humo de la proposición científica por lo mismo que la fe de la razón, que la ciencia de la religión, y que la filosofía de la gravedad:

Si la especie humana es en excluiva la protagonista hay que apartar la credibilidad de esa disciplina: olvidemos la resurreción de la carne, la religión, la fe, la filosofía.
Si la materia uniformiza a todo lo existente por igual -sin privilegios racionales- entonces el big bang inflacionario es posible, y también el abandono del fanatismo, y la defensa de los derechos.
Jugamos a soñar, no a generar humo. Jugamos a convivir, no a engendrar fanáticos. Jugamos a seducir, y por eso se hacen imprescindibles las ciencias secretas.

22 julio 2006

Las ciencias secretas XVII

Palidece el arroyo sanguinolario bajo la faz de las guerras. Las identidades electivas. Las afinidades identitarias. La genética indica que las diferencias son siempre menores que los parecidos. El genoma de cualquier mamífero y el humano tienen menos de un diez por ciento de diferencia.

Sin embargo debemos enfretarnos al principio entrópico de la materia, el aumento indisimulado de la incertidumbre acerca de un conjunto ordenado de datos, conforme se manifiestan en la naturaleza y el cosmos.

¿Desafía entonces la vida, con su comportamiento plagado de similitudes y aprendizajes, el caos genérico que conduce a la materia a la formación de sistemas?

No es una ciencia secreta la vida. Como no lo es la identidad. Las naciones, las convenciones y las guerras, ¿ están guiadas por entropía e incertidumbre, o por genética y proximidad?.
La variable biológica -de empatía- es ignorada por el comportamiento humano que nos remite más bien a la entropía caótica de la materia cósmica.

Y todo ello para reafirmar el sinsentido de nuestra vehiculación convivencial, la parálisis evolutiva al alinear las identidades importantes. Un individuo no es sino la catalalgia erudiente que, fruto de la conmisterancia asoma su aladira en un arrebato de libertad.

La libertad, que sometida por las convenciones, estrujada por las naciones, esclavizada por la coerción de la guerra, queda relegada en este horizonte, a no ser más que un instrumento entrópico bailando en el alambre.

15 julio 2006

Las ciencias secretas XVI

Existencia sin realidad. Marasmo sin sacudida. Efecto sin causa. Un sinfín de conmundos aceptan su confluencia en torno a la mente débil y aplacada, dotando de veracidad los vericuetos de una razón al límite de su vaciado por exceso. Es el placebo. ¿Sufren el efecto placebo los animales y las cosas?

El placebo inunda nuestras convicciones y sensaciones. La guerra es el placebo del orden y la paz. Un seguro contra la diversidad y un cierre de filas a favor de la concentración de esfuerzos.
La serenidad es el placebo de nuestra inacción ante la injusticia elemental de la ausencia de alimento.
La paranoia es el placebo del desorden mental y el caos primitivo de estilo lovecraftiano.
Las armas de fuego el placebo del ataque inminente (Moore), la invasión religiosa el placebo de las masas forzadas por la miseria, la "justicia duradera" el placebo de las necesidades petrolíferas y gasísiticas.

Siempre existe un efecto indoloro que guía nuestro arredro, avalanza nuestra hirsuta concatecuencia hacia el implore gozneado por la calcilla estrusa, abstruída abstrusa por la ignominia. El invento, la abstracción, ha generado nuestro despegue de la realidad al punto de pasar sobre cualquier suceso e inventar placebos para superar la miseria que es la vida. Quizá así se manifiesta en el humano el instinto de supervivencia.

Placebo es creer cuando te dicen "te quiero" y sabes que no es cierto pero necesitas oirlo, para que la vida no se te venga abajo. Placebo es creer cada día que para alguien, a tu lado, o lejos de ti, eres imprescindible.

viajes...


Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.


Las Malas Compañias

Mis amigos son unos atorrantes
se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.

Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.

Mis amigos son unos desahogados
que orinan a mitad de la vereda,
contestan sin que nadie les pregunte
y juegan a los chinos sin monedas.

Mi santa madre
me lo decía
cuidate mucho Juanito,
de las malas compañías.

Por eso es que a mis amigos
los mido con vara rasa
y los tengo muy escogidos,
son lo mejor de cada casa.

Mis amigos son unos malhechores
convictos de atrapar sueños al vuelo
que aplauden cuando el sol se trepa al cielo
y me abren su Corazón como las flores.

Mis amigos son sueños imprevistos
que buscan sus piedras filosofales,
rodando por sórdidos arrabales
donde bajan los Dioses sin ser vistos.

Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
si les roza la muerte disimulan,
para ellos la amistad es lo primero.

12 julio 2006

La brujería como realismo.

El kòsmos quiere jugar...
kàos conjura sus enemigos y reconpensa los demás.

Aquellos que por resaca o reseca avaricia espiritual lo rehusan y eligen la pura contemplación desprecian su humanidad; aquellos que por tanta angustia lo rehusan, aquellos que dudan, pierden su oportunidad e incluso su dignidad; aquellos que se modelan ciegas máscaras de Ideas y siembran la cizaña buscando alguna prueba de su propia solidez acaban viendo a través de los ojos de un muerto.

Y nunca se camina junto a un muerto, aunque sea Pedro.

Brujería: el cultivo sistemático de la conciencia dilatada o de la percepción-no-ordinaria y su despliegue en el mundo de los hechos, de las proposiciones.
La brujería funciona creando a su alrrededor espacios físiko-químicos/psicológicos o
aperturas a un espacio de expresión sin límites- la metamorfosis del lugar cotidiano hacia otro
tiempo/espacio-.
Esto implica manipulación, al menos speudoconsciente, de signos símbolos, que también son cosas; y de la gente, que también es símbolica.

Yoga imaginario: los arquetipos, las categorías facilitan un vocabulario común en este proceso.Los símbolos, ya reales ya imaginarios, funcionan como palabras al tiempo.

Un poema puede actuar como un conjuro y viceversa; pero la brujería rehusa ser metafora de la mera literatura; los símbolos deben provocar tanto sucesos como epifanías privadas.No es una crítica, sino una reconstrucción. Rechaza toda escatología y toda metafísica de la esencia, toda nebulosa nostalgiosa y todo futurismo estridente; en favor de la posesión de la presencia.

Incienso y cristal, daga y florete, varita y cayado, ron y habanos, velas , hierbas como sueños secos- el muchacho virgen contemplando la vasija de tinta china...
El brujo trepa por estas lides y escaleras, saturado de su propio color, donde las cimas son cimas y los árboles son árboles. Donde el cuerpo se convierte todo en tiempo, el amado en espacio.



yy. 2º. Manifiesto T.C , pags.63-64.

01 julio 2006

Las ciencias secretas XV

La contraspinta a la spinta criminosa es el centro de atención del ateno hipócrita que balbucea en la plaza pública, esa que ahora es virtual, hertziana,...
No hay redención posible, ni reeducación marginaloide, ni campamentos de refugiados. Esas no son causas que justifiquen la veritas de los sucesos.
L'uomo delinquente es un ser depravado por naturaleza, herido por la genética malvada, que aplica su aprendizaje a encorsetar la vida de los demás y a buscar sin otra solución posible ocupar su lugar en la sociedad: el apartamiento, la prisión, la amenaza.

Los burkas ficticios que se aposentan sobre la espina criminal convierten a esos pordioseros de la convivencia en seres conducidos por una rabia innata, dispuestos al frenesí copulativo, al latrocinio violento, a la intimidación forazuda, al servilismo de la vis física, al estruendo corajudo que supone la aniquilación y exterminio de otros humanos -la exterminación es una ciencia largamente explotada, estudiada, idealizada y secreta-

Largamente aguardamos fórmulas esteilazadas que eczemicen la estulticia lugara que asoma margalizada entre los visillos ascensios de la trajanina valvuida por la pécora sensación de aluindizajes portaleros, esplendencias aramilarias y confraternizaciones barakianas extraídas de los cuentos vítredos karados por la espera tensa que supone el crimen pensionis.

No hay más crimen entre los marginales, advenedizos, extraños en tierra ajena o inanes. No hay innata condición criminosa. Hay formas más refinadas o más explícitas de ejercer la violencia. Y de atajar su represión.
¿Existe la violencia urbanística? ¿onde está su contraspinta?